
Gastón fue un sacerdote de carácter fuerte y personalidad bien definida. Desde que llegó a la misión, vino para entregarse sin reservas. Por la falta de sacerdotes, no solo atendía la parroquia de Orellana, sino también las de Indiana y Mazán, multiplicándose con generosidad.
Su pasión fue la formación de los Animadores. Con la ayuda de las hermanas Brigitte e Yvonne Lapointe de las RHSJ, del P. Pierre Leblanc y algunos otros colaboradores, fundó y consolidó esta área en el Vicariato. Elaboraba planes vicariales de formación, preparaba materiales sencillos y claros, buscaba recursos económicos para sostener el proceso formativo. Soñaba con una Iglesia amazónica viva, con comunidades capaces de sostener la fe aun en ausencia de sacerdotes.
Incansable en sus visitas a las comunidades, soportaba toda clase de incomodidades… menos dejar su amado cigarro. Fumaba mucho, era un poco nervioso, y no faltaban los mapachos compartidos con los animadores. Entre risas decían que el humo en la selva ahuyenta a los malos espíritus. Gastón era travieso, bandido, un poco rudo…conocía la jerga del pueblo, sabía bromear y reír con todos; pero cuando enseñaba, lo hacía con seriedad y exigencia. Era profesor, y se notaba.
Fue exigente con los Animadores y consigo mismo. Algunos le tenían cierto temor, pero sabían que los quería profundamente; y ese “miedo” se volvía respeto y crecimiento. Recuerdo que, siendo yo una joven misionera recién llegada, me llamó la atención fuertemente por hablar con otra compañera, aunque en voz muy baja durante una charla. Así era él: defendía con fuerza el espacio sagrado de la formación. Entonces yo también ya le tenía miedo…ha,ha,ha…hasta que nos hagamos amigos entrañables.
Visionario, comprendió que los Animadores eran el futuro de la Iglesia amazónica. Y no se equivocó. Hoy, en medio de la escasez de sacerdotes, seguimos viendo cómo la Palabra de Dios es leída, celebrada y vivida gracias a animadores bien formados integralmente.
Después de muchos años regresó al Perú para la misión de Cutervo, junto a sus hermanos Clérigos de San Viator, pero ante las dificultades ocasionadas por no terminarse la construcción del Colegio, no dudó en pedir volver por un año a su querida Orellana, en 2005. Y más tarde, en 2010, tuvimos la alegría de invitarlo a la Asamblea del CEFAC para presenciar el acto solemne en que el Centro de Formación de Animadores Cristianos recibió su nombre: P. Gastón Harvey.
En el año 2024, tuve la maravillosa oportunidad de ver a Gastón en Canadá. A sus 92 años, seguía siendo el mismo: vivaz, lúcido, de buena memoria, alegre y profundamente interesado en saber cómo marchaba la misión. Fue un momento muy grato; al compartir con él se respiraban felicidad y claro, también un poco de nostalgia.
Querido Gastón, físicamente ya no estás entre nosotros, pero tus huellas permanecen en nuestras comunidades, en nuestros animadores y en nuestra Iglesia amazónica. Te seguimos recordando con mucha gratitud, con todo cariño… y con una sonrisa.
Domi
Misionera del Vicariato San José del Amazonas



