
Hace 20 años que Yayapagri Juan Marcos viajó a la tierra sin males.
Con estas palabras de su amigo y misionero José Miguel Goldáraz escritas en 2004 queremos recordar a uno de los grandes misioneros de nuestro Vicariato: Juan Marcos Coquinche Mercier:
«Juan Marcos Mercier, misionero entre los naporunas, ha tomado como nombre propio el de Coquinche al nacionalizarse en Perú.
Para los de casa, es Juan Marcos Mercier; para los naporunas, con los que ha vivido en solitario y mimetizado con ellos, es el P. Coquinche. Coquinche es un apellido indígena que lo ha tomado como nombre propio al nacionalizarse peruano. Aunque sus ancestros sean canadienses, el pueblo naporuna lo ha adoptado dándole un nombre indígena.
Las utopías que iluminaban su caminar misionero
En aquel ambiente tan desangelado, en medio de una selva vacía, lejos de todo, sus compromisos resultaban incongruentes e imposibles.
Intentaban iniciar la educación bilingüe y bicultural del pueblo naporuna sin más medios que un motor «peque peque» que empujaba, a paso de tortuga, una lanchita en forma de caseta con la que visitaban los poblados. Los naporunas nunca habían pisado una escuela, eran esclavos de haciendas, sabían que el estudio era cosa de blancos y de gente libre. No contaban con libros ni materiales de enseñanza: había que escribirlos. No existían profesores: había que formarlos. No tenían escuelas: era preciso construirlas.
Otra de las utopías consistía en la formación de promotores de salud o sanitarios, como les llamaban ellos, y la construcción de botiquines comunitarios. Los naporunas rara vez habían visto un doctor o usado medicina de farmacia. Eran hijos de la selva, apegados a sus shamanes, curanderos y plantas medicinales, certeros para curar las dolencias.
También soñaban con la liberación de los naporunas del dominio de los hacendados y «regatones» (comerciantes del río) que los tenían sometidos a un sistema de endeudamiento y resultaba una verdadera esclavitud para hacer de ellos un pueblo de hombres libres y sabios, con sus territorios y organizaciones.
Algo más difícil resultaría la utopía de una iglesia indígena con misioneros autóctonos que evangelizaran y oraran a «Yaya», el Padre caminante hacia la tierra sin mal de los naporunas. Hacer una iglesia indígena con su espiritualidad, liturgia y ministerios es una empresa inédita.

Talante misionero
El P. Coquinche es cercano, competente, volcado en su labor misionera, en el acompañamiento a la incipiente iglesia indígena y el desarrollo del pueblo naporuna. Dotado de un peculiar sentido común, hacedor de caminos de vida y trabajador paciente para mantenerlos abiertos.
Es una personalidad dotada de una variedad de facetas, entre las que destaca la de misionero. Cultiva equilibradamente la actividad evangelizadora con la investigación cultural. Vocación misionera llevada a cabo callada y profundamente a ritmos íntimos que responden a los signos de los tiempos y al tiempo lento de la cultura naporuna. Juntando investigación y misión en un mismo empeño.
Le tienen sin cuidado las apariencias y formas de vivir. Desembarazado de todo ropaje convencional, su actuar es la de un pionero de frontera donde las cosas están sin roturar, navegante osado entre los meandros y corrientes del pensamiento misionero.
El P. Coquinche ha recorrido un largo camino en busca de la autenticidad misionera, al paso de la cultura y del evangelio. Lo vemos de misionero joven conectando con pueblos no contactados, con los que vive durante varios meses. Y, desde el Vaticano II, atento a los signos de los tiempos. Desde la austeridad de una choza de «pambil» ha intentado seguir las huellas de «Yaya», peregrino hacia la tierra sin mal, encarnado en el pueblo naporuna y en el respeto reverente a la espiritualidad amazónica.
Quizá el P. Coquinche sea una, entre tan pocas excepciones, que rompen lanzas contra molinos de viento o gigantes de invencible poder «civilizatorio» y económico. Son de los que no se rinden, porque no han perdido la esperanza».
(Extractos de Goldáraz, J.M., Vidas que dejan Huella – El Padre Coquinche. Revista Misional de los Capuchinos de España, Octubre-diciembre 2004).



