Cristo, nuestro salvador y esperanza (1Tm 1,1.)

Terminamos un año lleno de experiencia, enseñanzas y aprendizajes. Donde hubo bueno y malos momentos que eso nos servirá de aprendizaje y reflexión para nuestra vida. El 2025 nos ha traído nuevas cosas que hemos descubierto, conocidos nuevos amigos, hemos hechos nuevas relaciones y en particular hemos compartido nuestra fe ya sea desde un modo de ser (selvático o itinerantente), todas estas cosas vividas lo hemos hecho con entrega, alegría, amor y gratitud siguiendo el camino de nuestro Salvador, “Gratis han recibido y den gratis “. Mt 8,10.

Al iniciar un nuevo año con expectativa y esperanza, que a su vez es una oportunidad de gracia, de mejorar y de hacer las cosas bien, de trabajar de la mano con la gente buscando el camino propiamente amazónico, partiendo desde su modo de ser. Donde la Iglesia debe encarnar el Evangelio y debe ser dócil en estas tierras lejanas como lo es su fundador, caminar con y desde ellos desde los más alejados.

La Iglesia debe ver primero que la gente no busca una iglesia clericalista sino una Iglesia donde todos se sientan acogidos no por su condición sino por su humanidad. “La Navidad es la lección de vida para todo ser que se mueve sobre la faz de la tierra, que Dios mismo quiso compartir nuestra humanidad en lo pequeño de nuestro mundo, ante él, el rico y el pobre son iguales”.

Este año se abre ante nosotros como un camino nuevo, todavía sin huellas, donde Dios vuelve a salir a nuestro encuentro para caminar con nosotros. No sabemos todo lo que traerán los días, pero sí sabemos quién va delante: el Señor que guía nuestros caminos, nuestros pueblos y sostiene nuestras vidas. Por eso, empezar un nuevo año no es solo pasar una página del calendario, sino es renovar el corazón.

Este año nos desafía a vivir con esperanza en medio de un mundo marcado por la incertidumbre, la violencia y la indiferencia, pero ante todo esto, también nos desafía a hacer cosas concretas. Como creyentes, estamos llamados a ser testigos de esperanza, constructores de paz y servidores del bien común. Que este año sea un tiempo para fortalecer nuestra fe, cuidar nuestras relaciones, comprometernos con los más necesitados y trabajar con responsabilidad y entrega por una sociedad más justa y fraterna. Sabiendo que en y desde Cristo nuestra esperanza, podremos encontrar nuestra salvación.

Que cada día de este año sea una oportunidad para amar más, perdonar con mayor generosidad y confiar plenamente en Dios y su pueblo. Pongamos este nuevo año en manos del Señor, pidiendo que nos conceda sabiduría para elegir el bien, fortaleza para enfrentar las pruebas y un corazón humilde para reconocer su presencia en lo sencillo de cada hombre, de cada hermano.

Que María, Madre de Dios y Madre de la Amazonía, nos acompañe y nos cubra con su protección, para que este año sea un tiempo de bendición, de crecimiento espiritual y de renovación interior para todos.
¡Feliz Año Nuevo!

✍️P. Ramón Ramirez Carihuazari